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Sirve sentido del humor de los marfileños para superar terrorismo


El pasado 13 de marzo un comando de tres yihadistas pertenecientes al grupo Al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) irrumpió en la playa de Grand Bassam, en Costa de Marfil, y mató a 18 personas.
Esta localidad turística, patrimonio de la humanidad, que se encuentra a unos 40 kilómetros de la capital económica del país, Abidjan, se vio sacudida por el ataque, el primero de este tipo en Costa de Marfil.
Pero los marfileños tienen un espíritu único y, un mes después del ataque, organizan conciertos y noches en la playa para celebrar sus ganas de divertirse, la única manera -aseguran- para contrarrestar eficazmente el terrorismo islámico.
El ataque del 13 de marzo contra tres hoteles -Etoile du Sud, La Taverne y La Paillote-, situados a lo largo de la playa de Grand Bassam, fue perpetrado por tres jóvenes yihadistas pertenecientes al AQMI.
Las autoridades aún no han anunciado la nacionalidad de los atacantes, que murieron en el tiroteo con las fuerzas especiales marfileñas, pero varias fuentes locales aseguran que los tres eran de origen maliense. El ataque provocó la muerte de 18 personas, entre ellos varios europeos.
Costa de Marfil está conmocionado por lo que fue un gesto de desprecio por su presente. Desde hacía meses las autoridades marfileñas estaban en estado de alerta: después de los ataques que se produjeron en Mali (Bamako, 20 de noviembre de 2015 y 21 de marzo de 2016) y Burkina Faso (Ouagadougou, 17 de enero de 2016), Costa de Marfil, de acuerdo con los servicios secretos franceses, es uno de los países de África Occidental con mayor riesgo.
Y esto porque es un país que tiene una población multiconfesional (animistas, musulmanes y cristianos) que convive pacíficamente y porque es un país que vive un auge económico sin precedentes. Un florecimiento económico-social, con presencia de inversión extranjera, que asusta al AQMI y a todas las fuerzas de la yihad armada.
Desde hace tiempo los restaurantes, los hoteles y los centros culturales frecuentados por extranjeros son vigilados por la policía especial. Quizás Grand-Bassam, marginal respeto al corazón económico del país, no estaba lo suficientemente protegida, ya que estaba en la parte baja de la lista de objetivos.
Son cerca de las 12:30 am, hora local, del domingo 13 de marzo en la ciudad con vistas a las lagunas del Golfo, patrimonio de la Unesco desde 2012 debido a su arquitectura colonial. Marfileños y extranjeros gozan de un día de descanso muy caluroso; las playas están llenas, como los resorts y los hoteles.
Moise Messan, de 24 años, es uno de los supervivientes: “Vinieron de repente, cuando oí los disparos por curiosidad me dirigí hacia ahí para ver qué estaba pasando. Vi a unos chicos con turbante, un poco más jóvenes que yo, dirigiéndose desde la playa hasta el hotel Etoile du Sud y disparando. Uno de ellos me hizo una señal con la mano para que me escapase, y me lancé inmediatamente al mar”.
“No sé por qué me salvaron. Supongo que porque no me consideraron una amenaza. La playa estaba llena de gente, sobre todo clientes de los resorts que venían a divertirse a Grand Bassam. Estas son las personas que vi morir con mis propios ojos. Ayudé a una mujer blanca herida, y me quedé en shock. Luego ayudé a un negro herido...”, dice Moise, quien, todavía conmocionado, no puede seguir hablando.
Grand Bassam, que a finales del siglo XX era la capital de Costa de Marfil, ofrece una buena relación calidad-precio, es tranquilo y está abierto a todo el mundo. Por lo tanto, es un lugar simbólico de un país que ha pasado por una guerra civil, que tiene todavía cicatrices y que hoy trata de volver a abrirse al mundo.
Lo sabe muy bien Jacques Alain Ollo, director del hotel Etoile du Sud, uno de los tres hoteles atacados por los yihadistas: “Grand Bassam es la localidad-balneario más importante de Costa de Marfil. Los domingos vienen muchos clientes marfileños y turistas de todas las nacionalidades. Creo que esta es la razón por la cual los terroristas decidieron atacar precisamente aquí”.
En el momento del ataque el director no estaba presente, pero pudo ver con sus propios ojos los resultados de la carnicería: “Había un cadáver que yacía junto a la barra y una mujer que intentó trepar por la pared que recibió una bala en la espalda. Estas fueron las dos víctimas que murieron aquí”, recuerda.
El director Ollo aprovecha la ocasión para hacer un llamamiento a los turistas de todo el mundo para que vuelvan tan pronto como sea posible a Grand Bassam: “Ahora es el lugar más seguro de Costa de Marfil gracias a la presencia masiva de las fuerzas del orden sobre el territorio”.
Ollo insiste en un concepto básico de la cultura marfileña: “La población marfileña reacciona rápidamente. Los marfileños no estamos hechos para dormir. Somos juerguistas por naturaleza. Cuando un evento de este tipo afecta el placer o la diversión, no podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que hacer algo. Nos encanta la fiesta y seguiremos divirtiéndonos, eso está claro”.
La reacción de los marfileños a la violencia yihadista es un caso aislado en la región. A los marfileños les gusta la fiesta, y precisamente divirtiéndose contrarrestan la creciente galaxia terrorista. A diferencia de Mali y Burkina Faso, donde la población civil se ha mantenido en un silencio ensordecedor, Costa de Marfil sigue organizando manifestaciones por la paz y haciendo llamamientos contra el terror.
Entre todas estas apelaciones destaca el vídeo del cómico L'Observateur, el nombre artístico de Fleurent Cuacu Ammani, que ya cuenta con millones de visualizaciones en YouTube. L'Observateur es de profesión ingeniero, pero su sueño siempre ha sido llegar a ser actor cómico.
Después del atentado en Grand Bassam, algunos de sus amigos le pidieron que hiciese algo para desdramatizar, dentro de lo posible, la situación. L'Observateur no se lo pensó dos veces y, con su teléfono, se grabó en su propia cocina.
Ironizando sobre las 40 vírgenes que los yihadistas están seguros de que encontrarán en el paraíso, en su video L'Observateur lanza un mensaje simple, directo y universal: “Creo que nos acostumbraremos, lo solucionaremos así. Cuando ataquen en el norte, nos vamos a vivir al sur. Si atacan en el sur, nos vamos directos hacia el norte".
“Cuando nos ataquen por todas partes, celebraremos nuestro dolor, enterraremos a nuestros muertos y seguiremos viviendo (...). ¿Por vosotros tendremos que dejar de vivir? No lo creo. Cordialmente les digo que lo lamentamos. Si no cambiáis la metodología, no haremos otra cosa que adaptarnos”
Entrevistado en Abiyán, en el aparcamiento de un centro comercial, insiste en la necesidad de responder al extremismo con una sonrisa: “Los marfileños lo soportan todo. Desalentarse no forma parte de su carácter. Ellos se adaptan, cambian según cambian los tiempos. Cuando la situación se calienta, ellos se enfrían”.
Teniendo en cuenta que hoy en día la muerte la encarnan los yihadistas, nosotros tenemos que desdramatizar esperando que también la muerte tenga sentido del humor y entienda que tenemos que reírnos de ella hasta que ella también diga: “Basta de bombas, ahora toca reír”.

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